Memoria de las prácticas en Polimodal
Al final, no era tan difícil
Las prácticas de Polimodal se desarrollaron en la escuela 4-073 “Adolfo Bioy Casares”, ubicada en el Bº Infanta del departamento de Las Heras. Esta escuela no fue un lugar nuevo para mí, ya que había realizado las prácticas de EGB3 allí. Es decir, tenía conocimiento previos de la escuela, de los directivos, de la profesora titular y tutora, sabía qué colectivos podía tomar o cuáles me dejaban cerca de la escuela, sus horarios y cuánto tardaban en arribar al lugar.
Al llegar a la escuela me dirigí a la sala de profesores a esperar que tocara el timbre de cambio de módulo. Al sonar el timbre salí y por el pasillo venía la profesora con una alumna-practicante. Después las tres recorrimos la escuela. Luego, la profesora y yo nos dirigimos al curso. Al entrar nos encontramos con un curso totalmente ordenado, cada banco en su lugar con su correspondiente silla, con olor a lavandina y una sensación de un lugar totalmente pulcro. Detrás nuestro entró la regente para hacer una inspección de cómo había quedado el curso, debido a que los alumnos habían tenido hora libre la regente les dio como tarea limpiar el aula. En el momento en que la regente dio el visto bueno a las condiciones de la habitación, la curiosidad no se hizo esperar. Una vez que la profesora me presentó quisieron escuchar mi voz, por lo que nuevamente me presenté. Los alumnos habían tenido practicantes en los años anteriores, por lo que ya sabían quién era, qué iba a hacer y para qué estaba. Si bien sabían todo esto, les intrigaba mucho qué escribía, cuánto y por qué.
La profesora comenzó la clase con una introducción a la unidad 2, el tema desarrollado a lo largo de la clase fue El desarrollo histórico de las organizaciones. Para ello, entregó dos fotocopias que incluían actividades. Las mismas se leyeron en voz alta por distintos alumnos y luego se procedió a realizar las actividades. A medida que transcurría la clase fue destacable la disciplina que mantenían las chicas por sobre el resto. Había un grupo de varones revoltosos, que distraían la atención de todos los compañeros y obstaculizaban el desarrollo de la clase. Al terminar la clase, quedamos con la profesora titular-tutora en encontrarnos el lunes en clase de consulta.
Las prácticas docentes desarrollaría las temáticas del Eje II. Uno de los primeros temas a desarrollar era La diferencia entre organización e institución, tal vez el más difícil de entender para mí, ya que usaba a ambas palabras como sinónimos y desde la carrera se había dado esa concepción .
La preparación me llevó más tiempo del esperado, ya que no podía diferenciar entre ambos términos. Era un desafío romper con los esquemas previos. Eran clases de consulta que se transformaban en un ir y venir y siempre con un mismo resultado: la sensación de frustración por no poder entender algo que aparentemente era tan fácil. La desesperación se iba apoderando de mi razón dado que faltaba tan poco tiempo para la primera clase. Pero finalmente lo logré, luego de tres clases de consulta logré aceptar una nueva perspectiva e incorporar un punto de vista diferente al que ya tenía.
Una vez resuelto el obstáculo que no me dejaba avanzar, continuamos con los temas posteriores, con los que ya contaba con conocimientos previos y que había desarrollado previamente como profesora en otra escuela.
Desde la cátedra se pidió realizar las planificaciones de las clases con anticipación. Como las planificaciones se habían hecho antes de conocer a los alumnos fue armada de un modo estructurado, por lo que luego de hechas, de observar la clase y conocer a los chicos, le incorporé juegos para hacer una clase más dinámica y no sólo de contenidos teóricos.
Llegó el viernes. Entramos al curso, saludamos, entregué las fotocopias a los alumnos y empecé a desarrollar el primer tema: Definición de organización. Diferencia entre organización e institución. A medida que los alumnos iban leyendo se acompañaba la explicación con ejemplos en el pizarrón. El segundo tema era Grupo: formales e informales, para el cual había pensado en realizar un juego que constaba en que elegían de una bolsita un papelito con roles: director/a, vicedirector/a, profesor/a. preceptor/a, alumno/a, presidente, vicepresidente, gerente, empleado/a. Luego se tenían que reunir según el papelito que les tocaba. Habían dos círculos en el suelo uno representaba a la escuela y otro a una empresa. Después hice que se reunieran en tres grupos: según el gusto de música: reaggeton, cumbia, románticos; según los programas de TV: novelas, fútbol dibujos animados. Para realizar esto, en el pizarrón dibujaba círculos con tizas de colores y escribía debajo de cada dibujo el gusto o la afinidad que los podía reunir, además pegaba en el suelo círculos de cartulina de colores (rosado, amarillo, verde) para poder llevar a cabo el juego. En un principio tuvieron algo de resistencia ya que tenían cierta timidez de que los hiciera representar alguna obra teatral o que les hiciera hacer el ridículo. Finalmente se divirtieron.
Tocó el timbre del recreo y al volver algunos querían seguir jugando y otros no por lo que hice dos veces más el juego para después continuar con la clase. A continuación los alumnos leyeron el apartado referente a Grupos y resolvieron las actividades. Cerrando la clase se hizo una puesta en común.
Al salir de clases pedí las observaciones correspondientes. La tutora notó un error que cometí y que yo también me di cuenta: decir la palabra institución por organización o viceversa. Luego de que la decía me daba cuenta y la corregía. Ambas palabras usadas como sinónimos estaban tan incorporadas a mi conocimiento que si bien usarlas como tal era un error, y lo sabía, era consciente de que ese error me podía “perjudicar” en la práctica. Ese mismo viernes acordamos con la profesora que yo le pasaría por mail la parte teórica con las actividades de todas las clases para que me haga las correcciones correspondientes. Así dábamos por terminadas las clases de consulta.
Al siguiente viernes los alumnos se fueron de excursión por lo tanto la clase se suspendió para la semana siguiente. A la semana siguiente hubo reunión de área por ende se pasó para la otra semana.
Llegó nuevamente el viernes y tuvimos clases. Para esta clase el tema a desarrollar era Tipos de organización. En esta clase se siguió utilizando la misma metodología de leer las fotocopias, realizar el esquema en el pizarrón y resolver las actividades. En el desarrollo de la clase hubo un momento que perturbó dicho desarrollo: un alumno no dejaba de hablar con el compañero y escuchaba música con el celular mientras sus compañeros leían. Luego de que varias veces le llamé la atención pregunté a la profesora si podía poner una sanción ya que no podía dar la clase en esas condiciones. Una alumna se ofreció en ir a buscar el cuaderno de sanciones. La profesora lo llamó, habló con él en voz baja y decidió poner en el cuaderno un llamado de atención. Como consecuencia de ese hecho el alumno permaneció callado durante toda la clase.
La tercer clase fue después de las vacaciones de invierno. Esa clase llegué tarde, un poco más de 5 minutos, debido a los cortes de las calles del centro de Mendoza por repavimentación. Al llegar tarde, agitada por correr y ver que la profesora ya estaba en el aula pasé por alto la explicación en la que hacía el repaso de las temáticas anteriores. Con poca voz y respiraciones profundas empecé el tercer tema: La comunicación interna formal: ascendente, descendente y horizontal.. Entregué las fotocopias correspondientes al tema. Los alumnos comenzaron a leer. Mientras leían yo en el pizarrón realizaba un esquema con láminas de papel que organizaba la información. A continuación se realizó las actividades adecuadas al tema desarrollado. Al terminar la clase le dije a la profesora que me di cuenta de que no había hecho el repaso de las temáticas anteriores a lo cual me dijo que “fue también como se había dado la situación”.
La cuarta y última clase se daría el siguiente viernes, pero hizo mucho frío así que la mayoría de los alumnos de todas las escuelas de la provincia no fueron a clases.
Al siguiente viernes el tema a desarrollar era La comunicación interna informal. El rumor. Para esta clase la profesora me propuso realizar el juego del “teléfono descompuesto”.Antes de desarrollar el tema se hizo un repaso de las clases anteriores ayudados por los esquemas y las fotocopias. Fue difícil “recordar” lo de las clases anteriores ya que había pasado mucho tiempo. Luego del repaso empezamos el juego formando un círculo en el medio del aula. En un cuaderno se encontraban las cuatro frases que estaban preparadas para se utilizadas en el juego:
- Pocas calumnias pueden soportar el desgaste del silencio.
- Una frase es suficiente para hacer deshacer la suerte de una persona.
- Una palabra mal colocada, estropea el más bello pensamiento.
- Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.
Primeramente los alumnos leían la frase para después hacerla circular, obviamente, a mitad de camino reemplazaban las palabras. Algunos cambiaban las palabras, otros se olvidaban de lo que recientemente habían escuchado y otros con un gesto decían “no entendí”, el último era el que menos entendía y trataba de armar una oración o reía sin diciendo alguna palabra. Cuando el primero repetía en voz alta la frase que leyó al comienzo se daban cuenta que en algún punto había cambiado. El timbre avisaba que era recreo y al volver los alumnos querían seguir jugando por lo que leyeron una frase más y, finalmente repitieron un trabalenguas: “María Chucena techaba su choza...” A medida que lo repetían se equivocaban y se reían. Después cada uno volvió a su lugar para continuar con la clase. El objetivo era hacerles entender que este juego, tan común en la infancia como antiguo, es un ejemplo claro de cómo se lleva a cabo el rumor. Seguidamente se leyeron las fotocopias y se realizó la actividad del tema. Finalmente se realizó una Actividad Integradora de todas las clases. Si bien los alumnos respondían debidamente en la actividad asignada del día, fue difícil incorporar los contenidos de las cuatro clases, ya que no recordaban los temas que habían visto en las dos primeras clases realizadas antes de las vacaciones. Los estudiantes necesitaban un “disparador” para recordar por lo tanto recurrían a la carpeta, a la profesora y a mí, la residente. Una vez resueltas las consignas finales asumían : “al final, no era difícil”.
Es claro que cada clase fue un desafío, no sólo para mí sino también para los alumnos ya que siempre era un “volver a empezar”. A medida que transcurrían las clases se pudo constatar que hubo un crecimiento, por un lado, en cuanto a mí porque fue incorporar nuevas perspectivas ya sea de conocimientos o de modos de dar una clase, y por el otro, con respecto a los alumnos ya que incorporaban en cada clase, a través de las actividades, los conceptos abordados durante el cursado y finalmente con la actividad integradora.
